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CANZOBRE
Crónica realizada por D. José M. Segura Domínguez el 15 de febrero de 1996 en la revista MARINEDA

Crónica de D. José M. Segura sobre Canzobre, en febrero de 1996A un año de cumplirse el XXX Aniversario de la muerte de Canzobre, por fin se va a hacer justicia a un hombre sencillo pero encantador que a lo largo de su fecunda vida (murió a los 92 años), dejó en La Coruña la impronta de su personalidad, hasta el punto que hoy en día, para muchos coruñeses, la palabra Carnaval va unida a Canzobre. Sugiere la musiquilla inconfundible y los versos dedicados a Fandiño, al calexón de Tabares, a bombienes y plexiglás. El Ayuntamiento coruñes dedicará a Manuel García Canzobre un monolito construido al final de la calle de la Torre, y se inaugurará el martes de Carnaval, un acto de estricta justicia.

Fue Canzobre el último poeta popular, el rey de la copla carnavalesca coruñesa, el último coplero, que heredó una tradición que a finales de siglo personalizó el legendario Rochefort, y más tarde continuaron Mazaricos, Pibela, el “marqués de brazos cortos”, Satanela, hasta llegar a Canzobre y su célebre Mariachi, que recuperó tras la guerra, el picante, la crítica a través de ferretes musicales, que hicieron las delicias de sus paisanos.

Canzobre falleció en La Coruña el 14 de Mayo de 1.977. Nunca más el “Antroido” coruñes fue igual. Con su muerte desaparecieron de las calles coruñeses, los bombines, el rascayú y el plexiglás. Toda una época. Pero Canzobre y su mariachi perduran en la memoria popular, perviven en la memoria de miles de coruñeses, que tuvieron la suerte de oirle y escuchar.

A los 29 años de su muerte son muchos los que buscan y cantan las letras de sus ferretes, que recuerdan su indiscutible gracia, su cartelón de ciego y el puntero, sin olvidar su inseparable guitarra, armas que manejaba este buen coruñés que nació en la Calle de Riazor, pero que vivió casi toda su vida en la calle y el popular barrio de la Torre.

Todos los años, desde 1.952 hasta 1.964, cuando el conjuro del “Antroido”, se exhibían la cachola y los Tacones en los escaparates de ultramarinos, bodegones y tabernas castizas, Canzobre y su “mariachi” tomaban la calle, vistiendo el inconfundible impermeable de plexiglás negro, chalina blanca de seda y bombín, menos Canzobre, que usaba chistera. Guitarras, laúdes, mandolinas, bandurria y el célebre “rascayú” eran los instrumentos que interpretaban alegres canciones con letra de Canzobre que se inspiraban de noche. Y las calles y plazas de La Coruña eran una fiesta, desde la plaza de Santa Catalina a la explanada del cine Coruña, pasando por la ruta de los vinos y la calle de Bailén, donde muchas veces escuché y compré las coplas de la comparsa de Canzobre y su “mariachi”.

 SUCESOR DE PIBELA

Canzobre conoció a un linotipista y cajista de imprenta, que fue Pibela, vecino de la Silva y que trabajó, entre otros sitios, en la imprenta Lorman, que existió durante muchos años entre la calle de la Franja y la plaza de María Pita, y al que el sabor popular bautizó como “Marqués de brazos cortos”. Canzobre empezó pintándole sus pancartas allá por la década de los años 10. Sus mayores éxitos, según propia confesión fueron “La vaca marela” en 1.936, que era una crítica a la República y “El canario flauta”, en ocasión del fichaje por el Deportivo del gran jugador nacido en las islas Afortunadas.

Fue muy celebrado y muchas veces en la popular “Traida”, años después oí cantar con gracia inigualable al popular dúo formado por Lucho Barros y Rama. ¿Cómo componía sus versos? "Mes y medio antes. A veces por la noche, en cama. Me surgía una idea, me levantaba y lo componía". El mayor motivo de inspiración que le proporcionó el Ayuntamiento, fue originado por el entonces concejal, Heliodoro Romero González-Salorio, con motivo del famoso lío del esparadrapo y el traslado del cementerio a Labañou.

Los componentes del “Mariachi”, eran nueve con Canzobre: Anguila, José Leiras, Gelito, Alfonso Varela, Miguel Cadavieco, José Iglesias, Manuel Bujía y Vences. Nunca actuaron por interés crematístico, aunque con la venta de las canciones, a peseta y a duro más tarde, daba resultado y no faltaba para “lacón y grelos”.

         Gran amigo de Chacho, de Acuña “e moitos máis”, nunca faltaron ferretes dedicados al Deportivo. Unos muy críticos, como con un árbitro que la armó en Riazor, llamado Echeverría, y otros más ingeniosos y sutiles como el que decía:

El Deportivo a la afición
le dio para tapiñar
“Anca” de “Polo” a barrer
e “brona de Arteixo” a fartar.

GELITO REY SUCESOR DE CANZOBRE

         Este año, como homenaje al fundador Canzobre, los supervivientes del “mariachi” saldrán a la calle y actuarán antes de la inauguración del busto dedicado a su último coplero del Carnaval Coruñés. Vences, José Iglesias, Juananco, Oscar Sánchez, José Leiras y el nieto de Canzobre, Carlos García entonarán sus coplas y ensayan casi todos los días cuatro horas en Almeiras, en el chalet del gran guitarrista y buena voz, Miguel Cadavieco y es una gozada escucharles. Añoran aquellos tiempos -han pasado 31 años de la última aparición- y echarán mucho de menos a Canzobre. Lo recuerdan con cariño y ya no tienen la correa de años mozos, en que salían a las diez de la mañana y no paraban hasta las dos de la madrugada.

         El recorrido del mariachi tenía sitios fijos, como la plaza de Santa Catalina, plazuela del cine Coruña, la Estrella, Galera y Olmos, y la visita a los dos diarios de la localidad, al Ideal Gallego y a La Voz de Galicia. Aún recuerdan la vieja redacción de la travesía de Montoto, cerca de María Pita, donde se encontraban con Nito y la redacción en pleno y solían obsequiarles con una buena queimada.

Alfonso Molina fue un gran amigo de Canzobre y su mariachi. Cantaron para él hasta su muerte en 1.958 en el Casino, y los obsequiaba opíparamente. No solían faltar tampoco a Casa Enrique, donde daban un auténtico recital, ante un grupo de notables que conformaron el espíritu cultural hace 45 años: Mariano Tudela, Urbano Lugrís, Labra, Villar Chao, Garcés y Emilio Quesada, que definió a Canzobre "como el jefe de un clan puntual, bullanguero y correcto hasta más no poder".

MANUEL GARCÍA CANZOBRE

En definitiva, para muchos coruñeses que afortunadamente tienen menos de 30 años, se preguntarán por quien era Canzobre. Había nacido en La Coruña, en la Calle de Riazor, 66 bajo, el 14 de Abril de 1.886, un año después de ser inaugurada la plaza de toros de Santa Margarita. Carlos Zeda, periodista extremeño recientemente fallecido, que formó parte de la plantilla de El Ideal Gallego, en 1957, escribió sobre Canzobre en Sábado Gráfico y así lo definía: "Tipo aventurero, inquieto, optimista, mordaz y benigno a la vez, un día ya lejano cuando sólo era un rapaz, se embarcó de polizón en un buque y amaneció en la Habana". Aquella hazaña de 1905 la repitió once años después, para conocer Nueva York. Le tomó gusto a tener la casa a flote e ingresó en varios buques de pasaje, en calidad de camarero unas veces, de enfermero otras, y siempre de animador de aquellos paisanos que abandonaban Galicia, cargados de morriña.
Era un virtuoso de la guitarra, instrumento del que decía que “estará conmigo hasta que me muera”. Se casó con una malagueña de Estepona, Antonia Fagil Castañedo y tuvieron 7 hijos, 14 nietos y 4 biznietos. Antonia, su mujer fue la madrina del mariachi. Canzobre es un elegido de las clases populares coruñesas que han creado, día a día, a lo largo de muchos años, ese espíritu del ser coruñés, con su alegría contagiosa, con
su ingenio y sobre todo el saber estar.

 José Redondo que lo conoció por los años 50, recuerda la tradicional música del barrio de la Torre. Evoca la tasca del número 118 “La Cheiña”, de los señores Ulloa Martínez, donde acudía muchas veces Canzobre y la rondalla, y a personajes de aquellos tiempos, como Paredes, el viejo choqueiro, el cojo Novoa, fotógrafo y bohemio, que vivía en la casa “das catro tellas”, esquina a San José; el médico Cuñarro, con bigotes a lo Kaiser, que constituían un amasijo de personas curiosas y populares que dieron una impronta a la agrupación y al propio Canzobre, que plasmó muy bien a lo largo de su vida la esencia de la manera de ser del barrio de la Torre, con finura y respeto no exento de jocosidad.

Era Canzobre una persona de rasgos y atisbos de persona culterana, pleno de sensibilidad e ironía. Nunca olvidaré una noche de agosto allá por 1.957, en que varios amigos de María Pita dábamos una serenata en la calle Cartuchos, Canzobre y su pandilla subían de retirada por la calle Panaderas, y al oir los instrumentos se acercaron y tras escucharnos nos pidieron las guitarras y las bandurrias y dieron la mejor serenata que nunca escuché en Marineda.

Canzobre dejó de existir en su casa de de la Calle de la Torre, el 136, el 14 de Mayo de 1.977.

Pero su figura, su persona, sus versos seguirán por los siglos de los siglos en el alma popular de las generaciones de coruñeses venideras, que a través de la tradición oral y escrita, siempre tendrán la referencia de Manuel García Canzobre cuando se anuncie el Carnaval.